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miércoles, 3 de marzo de 2010

Córdoba, la cuna del caballo español


Los jerezanos y los sevillanos han sido durante muchos años los que mas han lucido a los extraordinarios ejemplares de caballos raza española, pero en realidad este caballo perfecto pertenece a Córdoba, donde se creo y nacio en el S.XVI gracias al sueño de un monarca. Esta es la historia de un hecho olvidado, tal vez ocultado durante centurias.
El caballo español es el caballo cordobes.

La paz que reinó en España junto a la riqueza procedente de América permitió que Felipe II pudiera dar rienda suelta a la que, posiblemente, era su mayor afición: los caballos, creando para sí y para el mundo el pura raza español. Es por tanto este un caballo nacido por deseo real, como consecuencia de los cruces de caballos y yeguas realizados en la ciudad de Córdoba con tal fin, a partir del año 1567.

Aunque durante siglos se ha venido defendiendo, que el caballo español era un producto de la evolución natural de la especie equina, adaptada al medio geográfico andaluz, es en realidad la culminación de un macroproyecto genético, económico, social y sobre todo cultural, con el que se obtuvo el animal noble y bello que conocemos. Es por tanto una raza de caballos prefabricada y conseguida en la segunda mitad del siglo XVI.
El cambio sufrido por la nobleza medieval (guerrera) a la renacentista (palaciega), en este periodo histórico,caracterizó a esta última como una sociedad ociosa dada a fiestas y espectáculos. Sin embargo, las recomendaciones médicas para hacer ejercicios como medio de mantener la salud terminarían con el letargo de la nobleza. Los médicos aconsejaron la realización de las actividades que, durante el período medieval, habían sido las habituales de los nobles en la guerra. Se consideraba que dichas actividades, al haber entrado a forma parte de la naturaleza de este grupo, no podrían dejar de realizarse pues, su ausencia provocaría la aparición de enfermedades.Estos ejercicios incidieron directamente en la creación de numerosos juegos ecuestres, torneos y favoreció el perfeccionamiento de la equitación; estas distracciones conseguían que los nobles no sólo se mantuvieran diestros en el arte de la guerra sino que preservaban su salud. Por ello el rey las promovió creando picaderos donde la corona y los nobles pudieron realizar ejercicios de equitación de la recién creada Alta Escuela.

Para llevar a cabo los ejercicios de este nuevo sistema de doma iniciado en Nápoles por Federico Grisón, Felipe II decidió crear un caballo que fuera capaz de realizar estos aires con la belleza y la perfección requerida. El caballo existente en ese momento no reunía tales características al ser pesado y carente de las cualidades necesarias, por haber sido seleccionado sin fines estéticos y con el único objetivo de conseguir un medio de locomoción.

Lo que un principio fue un simple deseo real, de carácter social y médico, terminó siendo, tras crear en la ciudad de Córdoba al caballo español, uno de los más grandes y queridos proyectos de Felipe II. El pura raza español se convirtió en el símbolo del Imperio donde "nunca se ponía el sol
Se trato del primer macroproyecto genético de la historia para conseguir una raza de caballos cuyas características habían sido expuestas por los clásicos griegos como las más idóneas para un équido. Proyecto que fue ordenado llevar a cabo en la ciudad de Córdoba, en 1567, por el rey Felipe II.

La historia del pura raza español sale a la luz después de estar oculta 430 años, tras una laboriosa investigación basada en los documentos que se generaron en su creación, en Córdoba, a partir del año 1567, su autor Juan Carlos Altamirano, fuente de este articulo .

De la misma forma que Louis Doberman a través de cruces de distintas razas, entre 1834 y 1894, obtuvo el perro Doberman, Felipe II mandó crear en 1567 al caballo español cruzando para ello los innumerables tipos de caballos existentes, entonces, en Andalucía.
Para ello, Felipe II, el 28 de noviembre de ese mismo año, emitió una Real Cédula dirigida a su corregidor en Córdoba Francisco Zapata y de Cisneros en la que determinaba fundar, en esa ciudad andaluza, una nueva raza de caballos:

"Os mando que entreguéis a Francisco Sánchez de Toledo, mi pagador de la caballeriza cuatro mil quinientos ducados (...) para que se compren yeguas de vientre siguiendo las instrucciones que hemos ordenado para la raza y casta de caballos que hemos mandado hacer en Andalucía".
"Porque deseamos que se consiga el fin que hemos acordado de tener mil doscientas yeguas de vientre con sus potros y crías (...) hemos mandado que se vayan comprando por la orden que de nuestro caballerizo mayor".

Así mismo, ordenó la construcción de las extraordinarias caballerizas reales cordobesas1, que, siguiendo las órdenes reales, fueron financiadas con las rentas que producían las salinas andaluzas.

Para llevar a cabo la selección de los animales más idóneos para ese fin, Felipe II nombró como caballerizo real al cordobés Diego López de Haro, verdadero artífice del caballo español. El resultado obtenido por éste fue tan extraordinario que los caballos conseguidos serían, contraviniendo lo expuesto por este rey al principio del proyecto, exclusivamente para uso de la Casa Real que los utilizó como regalo a reyes extranjeros, nobles y clero. La nueva raza fue utilizada como emblema de un Imperio y de una cultura que había sido capaz de conseguir lo que todo el mundo ansiaba, el caballo perfecto.

Se ha afirmado para justificar la aparición de variados rasgos morfológicos para algunas características de la raza española, entre otros motivos, que fue cruzada con caballos centroeuropeos por un "teniente" napolitano erróneamente denominado Juan Jerónimo "Tiutti", caballerizo real de Córdoba (1600-1622). La realidad es que su nombre era Juan Jerónimo Tinto y no era teniente militar como se ha hecho creer. Este caballerizo nunca cruzó la raza y, precisamente, fue una de las personas que más trabajaron en preservarla como podemos apreciar en la obra que comenzó para cercar de piedra la histórica dehesa de Córdoba la Vieja. El motivo que argumentó para pedir permiso al rey para llevar a cabo esta faraónica obra fue que un potro, durante la noche, entró desde una dehesa colindante a esta dehesa real con el riesgo, según palabras de este caballerizo, de "bastardear la raza" porque, entonces, en ella pastaban las yeguas españolas. Para evitar este problema pidió permiso al rey para comenzar la cerca que todavía se encuentra en perfecto estado y que, aunque se comenzó en el año 1617, por diversos motivos, no se acabaría hasta 1700.
Afortunadamente se conservan los documentos que se originaron por el traslado de una partida de caballos, en 1593, desde Córdoba a Viena, vía Génova (Italia). La meticulosidad de la administración española de la época ha hecho posible que hoy podamos conocer de forma detallada como se organizó el viaje de los primeros caballos españoles que llegaron a ese país. Comenzó el 28 de agosto de ese año a raíz de la carta de Felipe II a su caballerizo en Córdoba:

"Don Diego de Haro a cuyo cargo esta la raza, y caballeriza que tenemos en la ciudad de Córdoba, sabed que yo he tenido por bien que de los caballos que hay en esa caballeriza, se den al emperador mi sobrino doce caballos, al archiduque Ernesto, su hermano, seis, al archiduque Fernando, cuatro y a Maximiliano y Matías, cada otros cuatro, al duque de Saboya diez, al duque de Mantua dos, y a don José de Acuña uno, que todos son cuarenta y tres caballos, y han de ser muy buenos, y de edad de cuatro hasta seis años. Os mando que habiendo elegido los que he mandado enviar a Madrid para mi servicio, y del príncipe, mi muy claro y amado hijo, escojáis los susodichos entre los demás y los enviéis, con persona de recaudo a Cartagena, donde he mandado que se flete un navío en que se embarquen y lleven a Génova. Y las personas que los llevaren de ahí, los entregarán a Decio Rucio, si estuviere allí (en Cartagena), que por la experiencia que tiene de ello, por haber traído algunas veces caballos de Nápoles, he acordado que los lleve él por mar. Y de cómo habrán salido de ahí me aviséis luego. De San Lorenzo a veinte y ocho de agosto de mil quinientos y noventa y tres años. Yo el Rey, y refrendada de Juan de Ibarra, sin señal".

A partir de este momento, Austria, se convirtió en uno de los países de partida para el resto de las naciones limítrofes de los caballos españoles. Caballos que fueron utilizados para obtener, a través de sus cruces, nuevas razas como: la lipizzana, o la menos conocida raza de Kladrub, de Bohemia, estos caballos, sin duda, siguen hoy mostrando en su morfología y movimientos, los genes de nuestra raza.

Para que se llevara a cabo el proyecto de conseguir el caballo español se eligió como lugar idóneo a Córdoba. El secretario real Francisco Eraso dirigió una Real Cédula el 28 de noviembre de ese mismo año al que era corregidor de la ciudad, Francisco Zapata de Cisneros para que se construyera una caballeriza y señalara las dehesas, en los baldíos y realengos de esa ciudad, que proporcionarían el pasto y sustento de las mil doscientas yeguas que se comprarían. Así se hizo, librando los primeros 1.500 ducados para el mantenimiento de la yeguada y 500 para el comienzo de las obras de la caballeriza.

El resultado del proyecto fue tan extraordinario que estos caballos nunca llegaron a cubrir las yeguas de las dehesas municipales sino que quedaron para uso privado de la corona y compra de voluntades, a través de regalos a reyes y nobles.

Este fue el origen del caballo español, la cuna del mismo fueron las Caballerizas Reales de Córdoba, aquí se creo y se mantuvo durante mucho tiempo hasta que no se a quien se le ocurrió que no era el lugar mas adecuado. Tenemos a la Meca del c
aballo español, saquémosle fruto, trabajemos en ese sentido, involucrando a los poderes públicos y a la ciudadanía para potenciar este espacio, madre de todos esos animales tan hermosos que son admirados en el mundo entero, y que señores como tantas otras cosas de importancia nacieron en nuestra urbe, en la ciudad de Córdoba, dejemos ese senequismo provinciano y comprometámonos con la defensa de un buen proyecto.

Las caballerizas Reales de Cordoba siempre estuvieron asociadas a la historia del caballo: asiento de la caballería de César en época romana y, en época musulmana, recinto donde al-Hakam I, agrupó sus afamadas cuadras con más de dos mil animales. Fernando III mandó construir el antiguo palacio de las Caballerizas Reales, siendo ampliando por Felipe II. Un desgraciado incendio acabó con este edificio, que fue mandado reconstruir por Fernando VI y concluido por Carlos III. AcogióVII Depósito de Sementales, y en la actualidad a la seccion montada de la Policía Local de Córdoba.

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